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El avance de la tecnología: imparable

Definitivamente me cuesta trabajo imaginar casi diez siglos sin generar cambios en la sociedad, en la forma de hacer una actividad sin que haya alguna modificación en la forma de llevarla a cabo. Así es, me resulta difícil imaginarme a la humanidad durante la edad media, esa etapa de la civilización occidental ubicada entre el siglo V y VX de la era cristiana.

Para tratar de ubicarme en una línea del tiempo, 10 años, 50 años, 100 años, 200 años, 400 años, 600 años, 900 años… 1,000 años. En verdad que no puedo imaginar al mundo como una fotografía; una especia de congelamiento de la imagen, un detenerse en el tiempo. Ahora bien, no quiero decir que eso haya sido malo, a lo mejor viéndolo en perspectiva hubiera sido mejor, más aún, hubiera sido mejor no correr tan rápido en la generación de conocimiento, cuando escuchamos que estamos a tres minutos del final; sí, que de acuerdo con información emitida por el Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago, a la humanidad le quedan tres minutos de la medianoche del denominado Reloj del Juicio Final.

Sin embargo la situación es otra; con el surgimiento del renacimiento, entramos a una era imparable en la generación de conocimiento y no solo eso, sino en una imparable carrera en la aplicación de ese conocimiento en tecnología, la cual ha venido a transformar a la humanidad en todas sus actividades; económicas, culturales, educativas, familiares, laborales, tan solo por mencionar algunas.

La velocidad en la que un nuevo conocimiento se transforma en tecnología es cada vez más breve y este ritmo tiende a ser cada vez más rápido. Para ejemplificarlo tomemos como referencia el desarrollo del Internet, con todo lo que ello implica: negocios electrónicos, redes sociales, buscadores, big data, banca electrónica, trending topic, hashtag, empresa digitial, business intelligence, realidad virtual, etc.; todo ello se ha generado en un lapso no mayor a 25 años.

Si consideramos que fue en 1991 cuando surge y se anuncia públicamente el World Wide Web (www), con lo cual se da inicio a la red informática mundial que permite la transmisión y compartimiento de información a través de texto, imágenes y video entre usuarios conectados vía Internet.

Que de 1989 al 2015, se pasó de 100,000 usuarios de esta herramienta tecnológica a 3,336, 261,156 millones de usuarios; es decir, que en un lapso de 26 años, invadió a casi la mitad de la población mundial, si consideramos que hay un poco más de 7 mil millones se seres humanos en este planeta, y que con esta tecnología se han venido transformando prácticamente todas nuestras actividades y relaciones sociales.

Todos los días nos encontramos con alguna noticia acerca de la invención de herramientas tecnológicas en prácticamente todos los campos del conocimiento. Es sorprendente ver que nos encontramos en un momento histórico, donde todo puede ser viable; que la ciencia ficción se ha convertido en auténtica realidad.

Si todo esto se ha dado en 25 años, qué nos esperan los siguientes 10 años, considerando que el surgimiento de nuevo conocimiento y su transformación en tecnología es cada vez más rápido. Que no hay día que no surja algo nuevo, para bien o para mal. Que es un acto noble, de una gran satisfacción y esperanza ver prótesis robóticas que hagan caminar a los inválidos, parejas con la posibilidad de engendrar al anhelado hijo, que podemos observar detalladamente el universo, y que podemos estar en contacto real con toda persona ubicada en cualquier lugar del planeta: verlo, escucharlo, establecer una diálogo en tiempo real e inclusive olerlo.

Qué maravilla, qué satisfacción más inmensa podríamos pensar; que gran esperanza para la humanidad. Pero no todo es tan bueno ni tan digno de admiración, porque también, gracias a ese avance tecnológico, tenemos los medios suficientes para acabar con este planeta en un segundo. Tenemos los medios para autodestruirnos y desaparecer del universo en un instante sin que nadie nos vaya a extrañar.

En 1953, cuando se emitió el primer dato del Reloj del Juicio Final, estábamos a siete minutos de la media noche. 68 años después estamos a 3 minutos. Si aplicamos la misma velocidad del conocimiento transformado en tecnología, en pocos años estaremos en la antesala de la autodestrucción de la especie humana. Que bien, si pudiéramos hacer del avance tecnológico, el medio para retrasar ese reloj. Esa es la gran misión que enfrentamos.




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