La transformación y la evolución del diseño

1968 es sin duda un año fundamental en la historia del Diseño Gráfico, ya que por primera vez, una universidad lanza la carrera de Diseño Gráfico; nos referimos a la Universidad Iberoamericana. Consecuencia natural de un auge motivado por los Juegos Olímpicos de México 68 y la excelente identidad gráfica creada para tal evento por el diseñador gráfico estadounidense Lance Wyman.

Todo el proyecto de identidad gráfica estuvo a cargo de la dirección del afamado arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, icono de la arquitectura mexicana y creador del proyecto arquitectónico por todos conocidos: el Estadio Azteca.

Es por ello que para la historia del diseño gráfico en México, es un parteaguas ese evento internacional. Posteriormente la Universidad Nacional Autónoma de México haría lo propio en el año de 1973, la Universidad Autónoma Metropolitana en 1974 y finalmente la Escuela de Diseño, del Instituto Nacional de Bellas Artes en 1975.

En un periodo de 8 años, el Diseño Gráfico adquirió un auge al constituirse como una opción profesional en los principales centros de formación universitaria. A partir de esos años, se generaron más de 300 opciones de Universidades para estudiar y prepararse en esta área del quehacer humano, novedosa en aquellos no tan lejanos años, y que llegó para quedarse.

Asimismo tenemos que hacer énfasis, en que el perfil que se dibujaba para los aspirantes a ser diseñadores gráficos, estaba muy orientado a las habilidades de dibujo, la creatividad y un alto sentido estético.

La mayoría de las materias tenían que ver precisamente con el desarrollo de esas habilidades, que inmediatamente mostraban quienes tenían la capacidad natural para desarrollarlas, y en algunos casos solo fortalecerlas.

Entre las principales materias que conformaban la carrera estaban: dibujo, diseño, factores humanos para el diseño, técnicas de representación gráfica, ilustración, dibujo técnico, técnicas de impresión, serigrafía, historia del arte, etc.

Baste decir, para poder ubicarnos en un contexto que nos permita entender la evolución del diseño, que en esos años no existía esta gran invención que ahora se ha hecho indispensable, y casi insustituible, no solo en el quehacer del diseño, sino en prácticamente todas las actividades humanas. Nos referimos a la “computadora”.

Ya no mencionemos la “internet” , la cual no era ni siquiera un esbozo de lo que es hoy; en todo caso solo era probablemente un tema de ciencia ficción, que más que provocar entusiasmo, llegaba a provocar temor. ¿Cómo era posible estar conectados en una red de máquinas y establecer comunicación en tiempo real a miles de kilómetros de distancia? En realidad era para provocar risa, escepticismo o resistencia.

En el ámbito del diseño, era un sueño casi imposible pensar en ello. ¿Cómo sustituir las técnicas artesanales y manuales que daban lugar al prodigioso acto de diseñar, de crear una imagen? ¿Con qué, y cómo, podría sustituirse el arte de pegar letra por letra utilizando el “letraset”?, o bien, de pegar rollos enteros de tipografía previamente realizados bajo complejas instrucciones, para ser procesadas a través de la fotocomposición, y luego ser pegados hábilmente en el “restirador” , con una precisión milimétrica. Y finalmente, ¿Cómo sustituir el arte del dibujo y de la ilustración, que requería dotes artísticos, y pronto evidenciaban quién si sabía dibujar y quién no? Ya ni hablar de las técnicas fotográficas de laboratorio, del cuarto oscuro y de la preparación de químicos? Incluyendo las anécdotas curiosas, como la de repartir el papel fotográfico comprado por un grupo de compañeros, a plena luz del día, con la consecuente velada del papel, o dicho en otras palabras, darle en la torre.

Esto que parece anecdótico, es casi imposible de creer por las nuevas generaciones. Es un hecho que el diseño gráfico se ha transformado a partir del avance tecnológico, y que los métodos y las herramientas han influido radicalmente en el perfil del aspirante a diseñador. Ya no es posible permanecer en el pasado; aún así, hay instituciones que parecen extrañar románticamente esos tiempos.

El diseño cambió, el entorno cambió y las necesidades cambiaron. Hay una evolución y una transformación en la forma de hacer diseño. Pero parece que muchos diseñadores no lo han entendido aún. Valdría la pena reflexionar que tipo de diseñadores se están formando en las universidades y si éstas están respondiendo a la necesidades del mundo actual.

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